18 noviembre 2017

EN LA DISTANCIA




Fue fuego
y acabó en el rescoldo de este tiempo;
un recuerdo de juventud que no ha logrado
aquietar por completo
aquella huella de ayer que comenzó
como un leve rasguño casual.

Era piel de azucena…
El verano de Marbella
ni siquiera fue un desaliño
en su cutis de almíbar
y su acento eslavo
sigue siendo eco musical
en mi oído interno.

Sus ojos…      No recuerdo.
Me quedé preso en el ámbito del todo
y sigue siendo
una aventura inocente de juventud
que nunca fue sino jarabe de anhelos. 

16 noviembre 2017

TODOS LOS ATARDECERES




Todos los atardeceres
se derrama la luz por el río
y, envuelto en manto plata,
se aleja y amodorra el murmullo
mientras las sombras cobijan a los vencejos
por los aleros y las espadañas
y briznas del ayer huido
cierran las cortinas del cielo
para abrirlas nuevamente al alba.

Por la callejas del agua,
remecidas en los meandros,
rumores de copla por los arrozales
y flamencos y grullas y patos, cigüeñas y ánsares:
la marisma, milagro en sí misma.

Todos los atardeceres,
entre tu orilla y mi orilla, impaciente y dulce espera;
y en el valle de mi pecho una flor que se marchita,
que mustia y desespera por una mirada tuya,
un puente de tus pestañas, un guiño,
una complacencia desde tu boca a mi boca
con regusto de permanencia.

14 noviembre 2017

MIENTRAS LA TIERRA YERMA




Mientras la tierra yerma
dialoga con la lluvia mansa a grandes sorbos
y en su ansia acabará ahíta,
el gusano escarba en la hojarasca
y el jilguero enrojece el buche de deseo
y sueña bocados exquisitos;
el búho, en la rama, es agudeza sin destello
que vigila todos los movimientos
ahorrando esfuerzos que pudieran acabar
sin recompensa.
En el corral, una gallina enhuera en silencio
y el gallo hace ligero duermevela esperando al alba;
bajo la herida de la azada,
se acurruca la simiente con la promesa de germinar
y en el naranjo, lo que fuera azahar,
son bolitas verdes que canturrean cítricos alientos
En la modesta cama del labriego,
el descanso se abriga en los lienzos de esperanza
y se regocija con la música del agua.


12 noviembre 2017

COMO LA NOCHE ANTERIOR




En Viena, donde nunca estuve,
me esperaban unas cien doncellas
con las que habría de danzar
y festejar la vida como coyunda escindida
entre el aquí que me urge y el más allá.

Sonaba un vals, al que no supe identificar,
pero lo hicimos volutas interminables;
el salón de baile, con sus arañas de cristal,
era un observatorio sobre tarima amachimbrada
donde todos eran vigilados y escudriñados.

Te quiero, me decían sus labios silenciosos
rodeando mi cuello hasta el oído más próximo.
Acababa de traspasar el umbral
hacia lo desconocido cuando tuve conciencia
de haberla sujetado con firmeza por la cintura,
como maroma que maniata al averno.

De repente, jadeaba por el ejercicio
y su busto era un fuelle de fragua
que enrojecía el fuste
que siempre había imaginado indómito.
Salimos al jardín, donde los jacintos
rivalizaban con su hermosura hasta languidecer.

Hacía frío.En Viena hace frío en noviembre
como resbalan los besos por los hombros
de un palabra de honor
que nunca hubiera dado el plácet.
Ella era de humo cuando yo era fuego;
ella tangible para mi pulso acelerado…

Y llegó la mañana con luz tenue,
mientras en la radio seguía sonando
música de no sé de cuál de los Strauss,
como la noche anterior.

10 noviembre 2017

OTOÑO




Una parva, el mullido suelo de otoño
es una era desaforada, sin lindes,
donde los fumadores sienten
ansias por liar
y las ramas los escalofríos de la desnudez.

Todavía en el ambiente
el aroma característico de la castañera
y el sonido del plegado de papel de periódicos
haciendo cucuruchos
donde expender la candente mercancía.

Por lo recóndito del parque,
el barrendero con un soplido mecanizado
y la barredora mecánica sorbiendo,
con bastante más ruidos que nueces.

Casi en lo inmediato, pasos acelerados
que no quieren perder el autobús,
cada vez más próximos a la parada,
con el acompañamiento musical
de la hojarasca mancillada.

Otoño; la desnudez que reviste el pavimento.

08 noviembre 2017

EN LA CIUDAD…




En la ciudad no se ven las estrellas,
ni guiña la luna al entrar por el ventanuco del pajar
como salmodiando por los frutos de la cosecha.

En la ciudad, las nubes son amenazas
que nadie toma en cuenta,
pero nunca, nunca, un carrusel caprichoso
que juega a las adivinanzas
en sus evoluciones transformistas.

En la ciudad no hay regatos cantarines
y lo suplen con fuentes que no sacian la sed
y que blindan con setos, como a los jardines;
no tienen valles por donde se derrama el pasto
y la montaña es un sueño caprichoso
con regusto a pesadilla.

En la ciudad, el amanecer es un sobresalto metálico
que hace brincar de la cama,
para usar la hora siguiente
en bostezos polifónicos en los medios de transportes.

En la ciudad, la vida es un desapego,
un sinvivir frenético que te saca de la vereda
y te orilla por el desfiladero de lo impersonal,
una suerte de cuneta
en la que se encauza el sentimiento de libertad
y se injertan las contrariedades y las depresiones.

En la ciudad…

06 noviembre 2017

MAR SIN OLAS




Una formación militar,
plantada, pacífica, relajada;
un encuadre perfecto con el espacio justo
para que desfile el tractor en camino enjuto
al alegre ritmo del sueño de vareadores;
por entre el entramado de brazos aguerridos,
enracimados de aceitunas que serán oro,
oro líquido, zumo de almazara;
en el verdor cetrino de ancestral colorido
el sudor gratificante de una tierra rumbosa
que se derrama generosamente;
un mar arbóreo,
mar sin olas,
un océano anclado en tierra
que mece la brisa rizándose en las copas,
en el tornasol de sus hojas
que emulan a la bandera andaluza.